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Los palitos saben matemáticas. El Eduludo Batonnix de Djeco es un juego de construcción de imágenes con palitos de madera de distintos tamaños y colores con el que los niños aprenden de forma completamente manipulativa las nociones de longitud, medida y unidad. La mecánica es sencilla y autónoma: elegir una plantilla, reproducir el dibujo con los palitos del tamaño correcto y comprobar el resultado con la carta de solución. Un primer acercamiento a las matemáticas que funciona igual de bien en casa que en el aula.
El juego incluye 18 plantillas a doble cara —36 retos en total— organizadas en tres niveles de dificultad creciente que permiten progresar a cada niño a su propio ritmo: los niveles más sencillos trabajan la reproducción básica de formas, mientras los más avanzados exigen comparar longitudes y planificar la colocación con mayor precisión.
Los 20 palitos de madera vienen en distintos tamaños y colores, y el objetivo es reproducir el dibujo de la plantilla colocando el palito correcto en cada posición: no vale cualquier palito, sino el que tiene exactamente la longitud indicada. Esa condición —mismo color, misma longitud— es la que introduce de forma muy natural y concreta los conceptos de medida, comparación y equivalencia que son la base de las matemáticas de primaria.
Las 36 cartas de soluciones permiten la autocorrección sin intervención adulta: cuando el niño termina, da la vuelta a la carta y comprueba si ha acertado. Ese ciclo de acción, verificación y ajuste es uno de los principios fundamentales del aprendizaje autónomo y Batonnix lo aplica con mucha elegancia.
Contenido: 20 palitos de madera de distintos tamaños y colores, 18 plantillas a doble cara, 36 cartas de soluciones e instrucciones. 1 jugador.
Porque Batonnix trabaja algo que muchos recursos matemáticos no consiguen: que el niño no sea consciente de que está haciendo matemáticas. Manipular palitos, reproducir imágenes y comprobar si los tamaños coinciden es una actividad que se siente como construcción libre, pero que trabaja simultáneamente la percepción visual, la orientación espacial, la comparación de longitudes, la motricidad fina y la concentración.
Nos gusta también que sea un juego completamente autónomo: no necesita un adulto que lo guíe, no necesita pilas y no tiene pantalla. Solo palitos, plantillas y las manos de un niño con ganas de construir. Y los tres niveles de dificultad garantizan que el reto sea siempre el adecuado, sin frustración y con una progresión muy bien calibrada. Un recurso que debería estar en todas las casas y en todas las aulas de infantil y primaria.