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¿Quién no sueña con tener su propia cabaña junto a un lago o en una isla? En Stuglandet de Haba, ese sueño se convierte en una divertida batalla táctica. Los jugadores compiten por hacerse con los terrenos más codiciados del mapa escandinavo: orillas de lago, islas y parcelas en la ciudad, mientras evitan acabar en el vertedero. Y con un mecanismo tan ingenioso como original —las propias cabañas de madera hacen de dados—, cada turno es una mezcla de azar, decisión y rivalidad que mantiene a todos pegados a la mesa. De 2 a 4 jugadores, a partir de 8 años. Partidas de unos 20-30 minutos.
Al inicio de cada turno, el jugador lanza sus cabañas de madera como si fueran dados: según cómo caigan —de lado, sobre el tejado o en pie— se determinan las acciones disponibles. Con ese resultado, el jugador coloca sus cabañas en las fichas de terreno disponibles intentando ocupar las posiciones más valiosas: cuanto más cerca del lago o en la isla, más puntos. Pero cuidado: los rivales también quieren esos mismos terrenos, y el juego permite mover o intercambiar cabañas ya colocadas, lo que añade una confrontación directa y una tensión muy agradable que se mantiene hasta la última ronda.
El tablero se construye de forma variable en cada partida con las 16 fichas de terreno incluidas, lo que garantiza que ninguna partida sea igual a la anterior. Quien acumule más puntos con sus cabañas al final de la partida gana.
Contenido: 48 cabañas de madera (12 por color) en bolsa de tela, 16 fichas de terreno (incluidas 1 ciudad y 1 isla) e instrucciones.
Porque Stuglandet tiene esa combinación tan difícil de conseguir: reglas que se explican en cinco minutos y una profundidad táctica que sorprende partida tras partida. La posibilidad de mover y intercambiar cabañas ya colocadas convierte cada turno en una pequeña partida de ajedrez: ¿me instalo aquí o espero? ¿le quito ese terreno a mi rival o consolido los míos?
Nos gusta también su presencia física: las 48 cabañas de madera en cuatro colores son un objeto precioso que ya llama la atención antes de abrir las reglas, y la bolsa de tela para guardarlas le da ese acabado cuidado y sostenible que caracteriza a Haba. Un juego con ambientación escandinava, mucha táctica y ganas de repetir desde la primera partida.