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El adulto frente al miedo infantil

Publicado : 05/02/2020 15:29:00
Categorías : Emociones

Dentro del desarrollo emocional, encontramos gran cantidad de emociones entre las que se encuentran aquellas que nos hacen sentir mejor y por el contrario otras que nos gustan menos porque nos producen algún tipo de rechazo o inquietud, pero igualmente entran dentro de la vida cotidiana, como es el sentimiento del miedo.

Existen muchos tipos de miedos a lo largo de la infancia y la vida adulta. Conocerlos y saber abordarlos con naturalidad, nos hará tener estrategias y herramientas a la hora de comprender y acompañar a nuestros hijos e hijas en estas situaciones tan habituales donde aparece el miedo.

Puede aparecer miedo a lo desconocido, a lo novedoso, a los cambios, a la oscuridad, a sentir dolor, a los monstruos e incluso a otros personajes creados a lo largo de la historia como el Coco o el Hombre del saco.

Pero, ¿Cuál es el papel del adulto frente al miedo del niño o la niña?

Lo primordial es proporcionar calma, tranquilidad, seguridad y acompañamiento.

Debemos actuar desde el pensamiento racional, explicándole a nuestro hijo o hija de manera real lo que sucede, sin emplear la mentira, con un lenguaje y vocabulario sencillos, donde sea capaz de comprender lo que le sucede y cuál es la realidad.

La mayor parte de los miedos forman parte de nuestra imaginación y del poder de crear una imagen irreal de algo que aún incluso no conocemos.

Es por esto que los adultos debemos acompañar este miedo, validando las emociones de nuestros hijos e hijas, haciendo que se sientan comprendidos, escuchados y acompañados en un momento en el que no son capaces de controlar desde el pensamiento racional aquello que piensan o creen.

Ofrecer seguridad, permaneciendo con ellos y ellas, si así lo precisan, escucharles contar su miedo, verbalizarlo, o simplemente dar un abrazo y mostrarse cercano y disponible, pueden ser algunas de las claves para que poco a poco desaparezca este miedo y no se acabe enquistando.

Es importante validar su emoción, sin restarle importancia, comprendiendo lo que necesita en ese preciso momento a través de la empatía y el cariño.

Una mirada empática es esencial para poder comprender su momento y su forma de sentir. Ponernos en sus zapatos nos hará capaces de ofrecerles las herramientas necesarias en cada situación.

Quizás nos ayude algo tan sencillo como realizar preguntas simples del tipo:

- ¿Qué te ayudaría a sentirte mejor?

- ¿En qué puedo ayudarte?

- ¿Qué crees tú qué podemos hacer?

- ¿Quieres que te abrace?

Dar ejemplo y ser nosotros quienes también hablemos de nuestros miedos e inquietudes, hará que vean esta emoción con mayor naturalidad y desdramatización.

Además también podemos emplear algunos materiales para acompañar este proceso que pueden resultar muy útiles para verbalizar emociones y hacer hincapié en ellas, validándolas y acompañándolas, haciendo que podamos compartir experiencias de manera conjunta.

Os dejamos aquí dos propuestas, por un lado un libro y por otro un juego.

El libro Todo lo que sé del miedo nos llevará de la mano de su protagonista por un viaje en el que descubriremos que existen muchos tipos de miedos que podemos compartir o no con otra gente y que muchas veces no son tan malos como pensamos.

Por otro lado el juego Emotio nos propone varias dinámicas para "jugar" con las emociones: inventar historias, representar emociones, comunicarnos con nuestra familia. Es un juego en el que no solo hablaremos de miedo sino de muchas otras emociones pero que puede ser una gran escusa para tratar el tema.

Alejandra Melús de Atención Temprana y Estimulación

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