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El chico moreno está feliz pero la chica oriental llora. Habla de emociones como sorpresa, enfado, tristeza, tranquilidad con este juego de 24 fichas que muestras expresiones faciales.
El juego consiste en unir las dos caras idénticas: la ficha y la plantilla que le corresponde. A partir de ahí, se abre un mundo de preguntas para hablar de emociones: ¿sabrías decirnos qué le pasa a esta persona? ¿Te has sentido alguna vez así? ¿Por qué? ¿Quién crees que está más contento de todos los personajes? Mil maneras de entablar una conversación sobre cómo nos sentimos.
Nos gusta este juego de reconocimiento de emociones porque es una herramienta estupenda para la educación emocional: ayuda a poner nombre a lo que sentimos y a reconocerlo también en los demás, fomentando la empatía y la comunicación. Su formato visual y sencillo lo convierte en un recurso muy útil para trabajar las emociones con niños y niñas de diferentes perfiles y necesidades.